domingo

Se busca: buen profesor, buen educador

Por: Sara Palacio Gaviria
Correo: spalac17@eafit.edu.co
Blog: El Circo Azul

Que un profesor sea malo es una cosa distinta a que sea bueno y no sepa dar clase, no hay un desperdicio tan grande como ese. Si es un profesional en cualquier tema pero no sabe orientar su conocimiento y producir emociones, reflexiones o simplemente deseos de saber más, está perdido.


Lo ideal sería tener profesores a los que uno no es capaz de faltarle ni de irse de ninguna clase porque si lo haces no vas a repetir nunca la experiencia única de esa clase, así él sea tan querido de contarte qué hicieron. Clases buenas hay muchas: en las que el profesor sabe tanto que sólo necesita hablar y con el manejo del discurso, de la entonación y los gestos entretiene como si estuviera contando un cuento, en las que el tema es muy interesante y el profe tiene ejemplos prácticos en los que uno se puede sentir identificado o hasta en las que es uno el que tiene que hacer todo pero con la motivación del profesor para hacer algo importante y que de verdad valga la pena.


Hay que aceptar que muchas veces hay trabajos que nos dejan marcados no sólo por el esfuerzo que implican y lo aburridos que pueden ser, sino porque en ellos se va un poco de lo que somos y pensamos: un video clip, una crónica, un reportaje, un ensayo o una simple exposición. Ahí nos jugamos la nota, el prestigio y muchas veces la aprobación por haber hecho un buen trabajo es mucho más valiosa si el que nos la da, es un profesional en el tema, el que nos acompañó durante seis meses y nos enseño todo.


Así también puede pasar que el tema no sea agradable ni por el título de la materia, ni por los supuestos contenidos, pero que con el desarrollo del curso, el profesor esté tan involucrado y le apasione tanto el tema que logre transmitir esa energía y lo que antes era poco atractivo se convierta en un deseo por aprender más.


Pero así como hay buenos, están los malos. Y aquí es donde viene el problema. No falta la clase donde el profesor no haga sino repetir lo mismo que ha dicho durante sus no sé cuántos años de docencia, ignorando que las cosas cambian y por defecto, utilizando recursos que ya no motivan el aprendizaje. Es imperdonable que uno pague cierta plata para recibir un conocimiento que se supone, no se consigue en ninguna otra parte, y que los contenidos y la información que da el profesor uno la encuentre más rápido y más bien explicados en cualquier blog, en Wikipedia o en Google.


Tampoco es aceptable una clase donde por la falta de profundidad en el tema, que por ende es falta de conocimiento del docente o pereza que es peor, lo que se hace es un “chisme con aspiraciones académicas” de x o y realidad. De ahí que cuando nos enfrentamos al mundo laboral, sumada la gran distancia que hay entre la teoría y la práctica, tengamos que decir “Es que en la universidad no me enseñaron eso” y el trabajo se convierta en una nueva escuelita pero ya a otra escala y por supuesto a otro precio.


Es probable que en estas dinámicas de comercialización de la educación, se esté dejando de un lado la reflexión sobre el valor educativo de un profesor, que más que un maestro, como lo era hace unos siglos, se ha convertido en un tipo más de la clase, que si bien sabe más, lo sabe porque es más grande o más precoz, y no porque realmente sea consciente de su labor que primero los consagra como los que declaran públicamente que poseen conocimientos en determinada área del saber y que pueden trasmitirlos y segundo que son quieran o no, responsables en muy buena parte, de desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales de aquellos que buscan ser educados.


Como todas las cosas, el aprendizaje también es cuestión de reciprocidad y de coherencia. Un proceso guiado y en el que uno como estudiante pueda descubrir nuevas formas de contar lo que piensa, incluso lo que ha sentido, es no sólo una experiencia académica importante sino también una forma oportunidad para ver cómo queremos vivir.


La educación es un aspecto relevante de la vida de cualquier ser humano y aquellos que están encargados de trazas las líneas conceptuales y prácticas de un saber tienen la inmensa responsabilidad de hacer que lo que en términos abstractos han elaborado a través del tiempo se pueda materializar en manos de los que apenas emprenden el camino. Esto sólo se logra si el personaje al que se le regalaban manzanas y que tenía bajo su brazo algún libro de pasta café y letras doradas, ha hecho del conocimiento una experiencia de vida, si a las personas que ha leído y las herramientas que ha utilizado han marcado y han cambiado de alguna forma, la manera en que percibe el mundo, de lo contrario, encerrará un enciclopedia que sólo ha sido hojeada mas nunca disfrutada.


*Foto Flickr Na_talia

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